
Son las 19:00h de un día cualquiera. Vuelvo en tren a casa después de una tarde intensa. Frente a mi, un par de colegas de profesión. Conversamos sobre asuntos varios. De pronto una pregunta: “Oye, ¿alguien sabe qué es eso del coaching? Yo, — contesto rápidamente. Estoy trabajando en un reportaje sobre ello, cuando lo acabe os lo haré llegar. El tren acaba de pararse en la estación en la que suelo bajarme cada día. Me despido de ellos. De camino a casa voy pensando en la conversación mantenida en el tren sobre el coaching.
Existen varias definiciones sobre esta disciplina o método. La palabra en sí, procede del verbo inglés to coach ‘entrenar’. Consiste en instruir y entrenar con el objetivo de conseguir alguna meta o bien desarrollar habilidades específicas. Hasta ahora, la figura del coach ha sido adscrita a ambientes deportivos y físicos, sin embargo, de unos años a esta parte, un coach también entrena para potenciar las habilidades. En el proceso de coaching se parte de la premisa que el coachee (persona que recibe el coaching) es la persona que cuenta con la mayor y mejor información para resolver las situaciones a las que se enfrenta en su vida. Es un proceso en el cual el coach confía desde el principio en su coachee, mediante la acción sin juicio de limitación propia.
El coach no enseña; el coach facilita los recursos para que su entrenado aprenda a utilizar sus habilidades a través del desarrollo de nuevos puntos de vista y la observación de sus paradigmas, sus creencias y sus conductas.
Un buen coach se asegura que la persona entrenada aprenda a gestionar sus habilidades de forma autónoma, por ella misma.
Autor: Verónica Gran Pastor
Publicado en: Coaching Magazine 12
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