Los primeros pasos de un Coach: sin acción no hay Coaching

Las acciones obtienen resultados, las justificaciones nos dejan en el mismo lugar. El compromiso firme con lo que queremos, facilita percibir las dificultades como retos y pasarán a la acción. Sólo las acciones son el antídoto de las justificaciones. Nuestras acciones no garantizan los resultados deseados, pero con la debida reflexión, nos acercan a ellos.

Ruth Yariv

Cuando se comienza a transitar por el camino del aprendizaje para la formación en la nueva disciplina del coaching, se le propone al alumno que experimente un proceso de Coaching, pero lo que más sorprende es que además se le impulse a ejercitarse en su aún no obtenido rol de Coach desde el inicio de la instrucción. Lo primero no siempre parece necesario y puede que cuando nos lo propongamos, encontrar objetivos que merezcan la pena de ser considerados resulte dificultoso o que surjan otro tipo de trabas. Frente a lo segundo surgen dudas y no sólo sobre la capacidad evidentemente aún no desarrollada en las nuevas arenas que propician voces internas que dirán :”No se cómo hacerlo” o “No soy capaz”, sino también sobre la autoridad moral para este tipo de prácticas cuando recién se está iniciando el recorrido, pudiendo incluso discutirse el propio hecho de que se lo esté sugiriendo, basando el cuestionamiento en un montón de juicios sobre cómo deberían ser las cosas.

A esto se le suele sumar el no saber cómo conseguir esos potenciales clientes, que incluso dentro del mencionado marco pueden parecer “víctimas” potenciales de propósitos ilegítimos.

El arte de encontrar justificativos está muy difundido en nuestros días, con la inherente consecuencia que quien lo emite hace poco o nada por cambiar su status quo, permaneciendo con idénticas quejas, en el mismo sitio e iguales hábitos, eso sí, con los más variados alegatos. Y no me estoy refiriendo en este caso sólo a quienes se están formando en la disciplina del Coaching, sino a cualquier situación donde haya quejas reiteradas.

Y es en ese punto donde el Coaching encuentra su posibilidad de desarrollo. La acción es una de las características que más diferencian al Coaching de otras disciplinas, siendo uno de los principales pilares sobre el que se asienta su enorme efectividad pues nos pone en el camino que nos llevará a lograr nuestros objetivos.

Sin acción no hay Coaching
El Coaching es un proceso experiencial, y pretender avanzar en esta nueva disciplina sin ejercitarnos, es como querer aprender a conducir y obtener el carné sin subirnos al coche.

Para la formación en coaching es tan importante hacer sesiones en el rol de Coach, como vivir un proceso de coaching siendo clientes o Coachees. Es durante un proceso donde aprehendemos su valor. Al recorrerlo salen a relucir algunos puntos ciegos que nos han estado frenando: creencias limitantes, valores contradictorios, hábitos restrictivos, etc, y podremos entonces decidir qué queremos hacer con ellos, reviendo su valor e idoneidad bajo la luz de la nueva perspectiva adquirida, y en relación a las metas que nos hemos fijado, pudiendo incluso reconsiderarlas. Y por otro lado iremos reconectándonos con tesoros largamente olvidados: habilidades, sueños y fortalezas que fuimos desvalorizando bajo las espesas capas de polvo del escepticismo, temores y dudas. Es en este momento donde enlazamos con el potencial del que tanto escuchamos.

Cuando esto ocurre durante las sesiones, el efecto del nuevo grado de libertad adquirido es único e imborrable, y nos transforma en fervorosos “creyentes” de esta disciplina emergente. La emanación de este hecho es tan poderosa que queremos compartir este nueva perspectiva con todos aquellos que conocemos, y con quienes no conocemos también.

Sólo las acciones son el antídoto de las justificaciones
Pero aquí surge un inconveniente, estamos ilusionados y ansiosos por contar lo experimentado, pero nuestras palabras parecen no cuajar. ¿Cómo le transmitimos a los demás el nuevo e inimaginable color que surgió frente a una pregunta de nuestro Coach y que puso ese nuevo y brillante matiz en nuestras vidas?, ¿Cómo hacer experimentar a otros ese increíble nuevo manjar?, ¿Cómo reproducir ese acorde nunca antes oído? Comenzamos a tropezar con una aparente ineptitud y torpeza y quizás con el escepticismo de los demás.

Además si bien hemos percibido durante nuevas y muy poderosas opciones, fácilmente tendemos a olvidar que de momento no son mas que opciones.. El sólo hecho de habernos dado cuenta de algo no lleva implícito su inmediata incorporación como habilidad del día a día, pues si fuera así, dada la gran cantidad de libros de autoayuda que se venden, la vida de muchos probablemente sería muy distinta. Todos tenemos algún conocido cuya vida deja mucho que desear, pese a que siempre está al tanto y recitando las fórmulas de los últimos “maestros” de moda.

Se enfrenta un momento delicado, que requiere esfuerzo y constancia. Tras el “Aha!” inicial, y si ya estamos apuntados a la academia, lo que hace falta por sobre todo es subirnos al coche, pisar el acelerador y a veces meter la pata, rectificar y continuar. Al andar el camino y repetir los nuevos comportamientos como coachees, algo comienza a cambiar en nuestro entorno, que no es más que el fruto del propio cambio interior. Los beneficios del proceso comienzan a manifestarse, los demás nos ven distintos, y aunque no pueden expresar muchas veces qué es lo que perciben, sentirán curiosidad por saber en qué andamos, algunos, los más cercanos entre burla y sonrisa nerviosa dirán algo alusivo a “Eso, en lo que andas ahora”. Si es su momento, estarán más predispuestos a saber y escuchar, pedirán detalles, se ofrecerán como posibles clientes y otros lo querrán experimentar más adelante, o no.

Por otra parte si estamos formándonos como coaches, y al hacer nuestras primeras prácticas, cuidamos la premisa de respetar a nuestro cliente y dejamos claramente señalado que estamos aprendiendo, las posibles consecuencias de una sesión de coaching con un aprendiz de coach son potencialmente mucho menos peligrosas para los clientes, que las potenciales secuelas que pueden darse cuando nos topamos con un conductor inexperto al volante de un instrumento poderoso.

Las acciones obtienen resultados, las justificaciones nos dejan en el mismo lugar.
Sólo al andar el camino surgirán las dificultades reales e iremos encontrando e incorporando los nuevos hábitos, solos o con la asistencia del coach que nos acompaña o de los mentores en el caso de que nos estemos formando.

Sólo al repetir las nuevas prácticas iremos abandonando nuestro antiguo quehacer automático y limitante para fortalecer y permitir que emerja ese enorme potencial que estaba adormecido.

Sólo en la acción y con la repetición de las experiencias incorporamos la nueva información y nos volveremos ágiles en las nuevas habilidades requeridas para el anhelado objetivo. La confusión habrá desaparecido y seremos capaces de continuar avanzando o de acompañar a los clientes en sus propios recorridos con la tranquilidad que da el haber estado allí.

Nuestras acciones no garantizan los resultados buscados, pero con la adecuada reflexión, ¡nos acercan cada vez más a ellos!

Autor: Ruth Yariv
Coach Ejecutiva y organizacional. Dir Académica de Coaching Corporation. Master en Management (Univ. de Londres) Consultora de empresas.

Articulo publicado en Coaching magazine Nº3

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