Llamada a navegantes…

Hace unos días, aprovechando un espacio de tiempo en el que envié a mis obligaciones  a realizar una dulce siesta, decidí emprender un viaje. Puesto que en unas horas, aquellas que dormían se despertarían con hambre, decidí que el tipo de viaje más apropiado para ese momento era aquel en el que no importara la distancia, aunque sí la duración, por lo que escogí un viaje virtual a través de la red: navegué y navegué por webs, blogs y otro tipo embarcaciones, cuyos nombres no recuerdo, y que me llevaron por definiciones, historia, opiniones, reflexiones y demás en cuanto al rumbo de mi viaje: el Coaching.

Con viento a favor, agua en calma y temperatura agradable, mi viaje transcurría en un apacible mar de lectura  hasta que advertí una barcaza en la que, entre otras existencias, contenía una con el nombre: “El modelo GROW”, motivo por el que subí para leer más al respecto. Y fue justo en ese momento cuando los aparatos de navegación (recuerdo a los lectores que se trataba de un viaje temático a través del Coaching) dejaron de funcionar… El capitán de dicha embarcación, tras explicar a qué corresponde el acrónimo GROW y especificar algunas de las preguntas que se formulan en las diferentes fases de dicho modelo, concluye: “un conjunto  de preguntas que siempre se han estado realizando en el management, pero que cambiándoles el orden y poniéndoles una etiqueta nos lo venden como coaching…”. En ese instante advertí que me había alejado unas cuantas millas del corredor internacional recomendado ¿Se trataba de un barco capitaneado por la confusión? ¿Quizás por el desconocimiento? ¿Tal vez un barco pirata? Movida por la curiosidad, transité por algún tiempo más en esas aguas, sorteando embarcaciones desinformadas, desorientadas y también barcos piratas que generan audiencia y difusión a raíz de incautaciones arbitrarias con las que tratan de exaltar sus existencias y presencia.

Hasta ese momento, paseé por cubiertas de buques, galeones, navíos y también alguna goleta, que me recordaron lo apasionante de esta profesión cuyo objetivo principal es el de contribuir al desarrollo humano y organizacional a través del autoconocimiento, el desarrollo de la autocreencia y la elección responsable, por parte del cliente,  de acciones orientadas a resultados. Hasta ese momento me sentí identificada con muchísimas embarcaciones que contribuyen a la difusión y conocimiento de la verdadera disciplina del Coaching, y desde aquí agradezco su trabajo e intercambio de conocimientos, reflexiones y experiencias.
También animo a los jóvenes y futuros marineros que comienzan a surfear en aguas del Coaching, a que desplieguen sus velas y contribuyan al desarrollo de la disciplina partiendo de una formación específica en la materia a falta de regulaciones académicas, de momento-, alineada a los parámetros de calidad que nos ofrecen los corredores de navegación representados por asociaciones nacionales e internacionales de referencia, preservando la ética y la profesionalidad del Coaching.

En estos momentos en los que el Coaching ha crecido rápidamente en nuestro país se hace imprescindible, desde mi punto de vista, que los Coaches rememos en una misma dirección: hacia un Coaching profesional y de calidad, por y para nuestros clientes; por y para la disciplina; por y para los Coaches. Trabajando conjuntamente por una metodología claramente definida que contribuya al avance en lo que a la regulación oficial de la profesión se refiere y, de paso, colaborar así a disminuir saqueos e intrusismos (algunos aún no han entendido que utilizar algunas herramientas de Coaching no es equivalente a “hacer Coaching”).

Nos hallamos en una sociedad cambiante. En ocasiones acompañados de condiciones meteorológicas que nos facilitan y amenizan el viaje y, en otras, en condiciones menos favorables que implican un replanteamiento de valores y esquemas por parte de personas y organizaciones. En un entorno de cambio en el que los valores, creencias y formas de actuar, que hasta ahora han funcionado, precisan ser revisados para alinearse al contexto y a las necesidades actuales, se hace indispensable una actitud innovadora y una adecuada gestión del cambio con el fin de adaptarse a las necesidades y requerimientos del nuevo entorno,  garantizando así un correcto desempeño orientado a resultados exitosos.

El Coaching también forma parte de esa sociedad cambiante, y su gran flota discurre entre aguas ahora tranquilas, ahora revueltas; ahora acompañadas de barcos amigos, ahora acompañada de barcos piratas.Tal vez  sea el momento en el que buques, galeones, navíos, goletas y demás revisemos las existencias de nuestras embarcaciones, aparatos y sistemas de navegación, y trabajemos conjuntamente en la construcción de un gran transatlántico, independientemente de la línea y estilo personal del Coach, con rumbo a un exitoso y ético desempeño que aporte profesionalidad, calidad, metodología y congruencia a la disciplina.

El viaje continúa… Comienzo a divisar una hermosa nave de grandes dimensiones, recia, robusta. Surca las aguas con aplomo y firmeza, haciendo frente a la fuerza del viento y la altura de las olas. A lo lejos, una embarcación de bucaneros se aproxima hacia ella, aunque la entereza y acometividad de la gran nave les hace desistir del saqueo. Esa gran nave… es un transatlántico…

Autor: Eva Sánchez
Publicado en: Coaching Magazine 13

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