Tomado en su vertiente individual –one on one– el Life Coaching equivale a una plataforma de lanzamiento desde la cual casi cualquier persona puede convertirse en la mejor versión de sí misma, a partir de la exploración de su máximo potencial, en un ejercicio de creatividad casi en estado puro.
Azucena Vega Amuchástegui
Analizado en su conjunto, el Coaching Personal es además una práctica sistematizada que experimentan, cada año, miles de personas situadas en los más recónditos lugares del planeta. En éste sentido, es un fenómeno que avanza hacia una transformación social que se intuye bajo coordenadas democráticas y, acaso, revolucionarias.
Life Coaching, entrenamiento para todos
El Coaching-néctar que en un principio se prescribió sólo a los atletas de elite, se convirtió después en Coaching-fórmula (casi mágica) en el mundo empresarial, para esparcirse más tarde a gran escala alcanzando su poder benefactor a la población en general a través del Life Coaching o arte de mejorar la vida. Vida que, dicho sea de paso, nos habita a todos por igual: europeos, americanos, asiáticos… y que palpita en nosotros sea cual fuere nuestra ubicación en la pirámide productiva.
Con este enfoque me gusta pensar que con cada una de las más de dos mil horas dedicadas al Life Coaching en mis despachos de San Sebastián y Bilbao (norte de España, Europa) contribuyo a la democratización del Coaching. Y cuando a ratos y a solas el cansancio me vence, y el desánimo me muestra su rostro menos amable, opto por silenciar el incómodo murmullo de mis zozobras con una íntima certeza: en sus entrañas, el Coaching alberga una semilla revolucionaria cuyos poderosos efectos apenas podemos atisbar.
Una revolución silenciosa
Considero que el Life Coaching posee cualidades arqueológicas ya que con frecuencia desentierra sepultados tesoros del cliente (habilidades, sueños, virtudes, fortalezas) que –tras décadas de espera– emergen vigorosos y, lejos de estar fosilizados, se prestan al uso inmediato con tan sólo dos condiciones: que el cliente de un paso comprometido al frente, como si se tratase de un intrépido timonero, y que el recién descubierto diamante personal se proteja durante un tiempo de los salvajes vientos alisios del escepticismo reinante hasta que consiga brillar con luz propia, regia e incuestionable, en la vida del sujeto.
Salvando las distancias, el fenómeno es en parte comparable a la experiencia de Copérnico, Edison o Einstein cuyas genialidades fueron con persistencia ignoradas (cuestionadas) para abrirse finalmente paso en la oscuridad, a tientas, y contra la corriente dominante de sus coetáneos, hasta alcanzar el logro, el descubrimiento, el éxito evolutivo, la concreción del potencial que –aún habiendo estado siempre allí– emerge a la luz de la realidad para enriquecimiento del sujeto y la colectividad en su conjunto.
Porque una sociedad de personas altamente desarrolladas será mucho más brillante que una de mediocres. Porque el índice de autosatisfacción –acaso de felicidad consciente– se dispararía en una sociedad habitada por seres volcados en el fomento de sus cualidades más sublimes.
Se trata en verdad de una revolución que acontece, en todo el planeta, de manera silenciosa, pacífica… irreversible.
Presencia luminosa de la intuición
Acompañado por el Life Coach, el cliente abandona el viejo monorraíl –el pensamiento único, lo políticamente correcto, la programación robótica dominante– y se adentra, poco a poco, con gozo y convicción, por la terminal de infinitos destinos que se entremezclan y enriquecen, y de cuyo cóctel con frecuencia emerge mucho más que la suma de las partes. (2)
Luego, claro está, hay que llevarlo al territorio fértil de la realidad en estricta aplicación del cuarto y último tramo del Modelo Grow de mi querido entrenador Sir. John Whitmore. Tramo en el que el Coach preguntará qué, cómo y cuándo el cliente saltará a la acción, receta mágica del cambio. Durante el Life Coaching se produce una tensión dinámica entre el arranque o punto cero del proceso (momento de tesoro enterrado) y las infinitas sendas transitables que se abren después. Como un funámbulo, el Life Coach mantiene (con tacto) el delicado equilibrio entre ambas polaridades orientado por el hálito creativo y, a veces, la presencia luminosa de la intuición.
Con fe inquebrantable, el Coach apuesta por la realidad del mañana del cliente en un salto con pértiga sobre la realidad del hoy a base de empeño, imaginación y entusiasmo pese a las dudas y lastres del cliente. La cotidianidad monocolor es sustituida por el arco iris, el pret a porter de una existencia estandarizada por un traje a medida cortado por el sastre que mejor nos conoce: nosotros mismos. El sueño unidimensional de la sociedad, por una opción individualizada.
El cliente alcanza de este modo la singularidad profunda de su ser, rompe techos de cristal, salta acartonadas barrenas de ficción y conquista, por fin, el éxtasis de un alma que aún encarnada rompe limitaciones impuestas y se encamina al infinito.
Expansión imparable
En cuanto al futuro, soy optimista. El Coaching se expande –vigoroso y vital– de manera semejante a la de una planta de menta–poleo que cultivo en mi jardín.
Se trata de una hierba aromática, de crecimiento rápido, que se propaga horizontalmente en todas las direcciones ajena por completo a las dificultades del terreno.
Siento el Coaching como un estilo de vida del lado de la esperanza, de la luz, tal vez de la espiritualidad entendida como evolución global. Y en mi enfoque intuyo flashes visionarios porque –como ya he dicho– un planeta de personas altamente desarrolladas sería más perfecto que uno de medianías. Porque el porcentaje de autosatisfacción –si no ya de felicidad– se dispararía en un mundo habitado por seres empeñados en estrujar al máximo sus cualidades más sublimes. Soy optimista ante el futuro del Coaching porque creo, profunda, radical, acaso ingenuamente, en el ser humano.
Autor: Azucena Vega Amuchástegui
Entrenada por John Whitmore y David Matthew (I.C.F.). Miembro de ASESCO 10.077. Ex – Directiva de RTVE. Coach Estratégico, Escritora y Periodista.
Articulo publicado en Coaching Magazine Nº2
(l) Extracto del manuscrito Coaching y Creatividad, Azucena Vega.
(2)Pensamiento divergente. J.P. Guilford
Entrenando para el desempeño, Sir John Whitmore.


























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