El directivo feliz

Al empezar esta pequeña nota he dudado entre titularla como aparece, o  utilizando  los signos de interrogación: ¿Es feliz el directivo?

Carlos Herreros de las Cuevas – AECOP

Se plantee  de una u otra forma, ¿a quién importa este asunto que es tan personal, tan subjetivo y, sobre todo, irrelevante para la gestión de las empresas? ¿Estamos seguros de esa irrelevancia?

En todo caso ya se le paga con largueza para encima tener que decidir si es o no feliz en su trabajo. Por cierto, la cuestión de la remuneración se viene criticando desde hace años.

El 8 de febrero de 2000 Henry Mintzberg publicó  en  “The Financial Times” una carta, supuestamente la de un CEO a su Consejo de Administración. De ella extracto el siguiente párrafo:
“Mi salario no debería ser un trofeo externo. Es una señal interna para indicar a nuestros empleados lo que de verdad pensamos de esta empresa. Dejemos de actuar como si los Primeros Ejecutivos fuéramos miembros de un club elitista. Estamos hablando de liderazgo, no de estatus. Francamente, trabajo tanto dirigiendo esta Compañía que difícilmente tengo tiempo para gastar lo que gano. Dejadme que me centre en dirigir esta Casa como se debe. Confío en que interpretaréis esta carta como una inversión en nuestro futuro; porque si nuestra Compañía no le tiene en estos términos, tampoco le tiene la sociedad en que vivimos. Atentamente,…..”

Nuestro Tribunal Supremo ha dicho recientemente en una sentencia muy famosa relativa a una indemnización a dos ex banqueros:(el pago) “transgredió ostensiblemente los topes máximos que rige la ética y puede repugnar socialmente”.

El candidato a la presidencia de Francia Nicolás Sarkozy en su libro “Temoignage” alerta sobre que los empresarios no pueden seguir hinchando sus “bonus” mientras exigen al mismo tiempo ajustes salariales a los trabajadores.
¿Serán esas retribuciones, con frecuencia desorbitadas (“gordos” de lotería que ganan todos los años), formas de resolver la supuesta identidad: liderazgo  es igual a infelicidad?

También podríamos intentar justificar  que el ejecutivo tiene que pagar el precio de su  infelicidad, o su malestar, para lograr que la empresa sea eficaz, rentable, saludable; como se dice ahora, resiliente. Estaríamos ante una situación- por otra parte infrecuente en la naturaleza; tan sólo se da en organismos parásitos- en la que la empresa sana necesitaría directivos enfermos. Porque los actuales pensadores sobre la felicidad dicen que es algo que todos buscamos y algún tipo de patología deben sufrir quienes renuncian al bienestar.

¿Preguntamos si son felices a los directivos con los que trabajamos? Sí que les preguntamos cómo crean valor para el accionista. No nos atrevemos a inquirir acerca de su bienestar Para la creación de valor, pero también para el amor y para la felicidad rige el principio de la oblicuidad que, según mi maestro John Kay, consiste en la idea de que  con frecuencia algunas metas se logran mejor cuando se buscan indirectamente. Nadie se levanta  de la cama por la mañana preguntándose cómo añadirá más valor o será más feliz el día que empieza; más bien  repasará las tareas del día con la esperanza de que creen valor para el accionista y de que le permitan sentirse bien.

La cuestión de la felicidad no sería en absoluto irrelevante si  los componentes oblicuos de la felicidad  coincidieran con los recursos y capacidades que deben tener los directivos para que sus empresas triunfen y perduren.

Pues bien, en la investigación que estoy acabando creo que  demuestro que los elementos del bienestar, de la felicidad según Seligman, de lo hedónico según el Nobel de Economía Kahneman , del estado de fluidez según Cskszentmihalyi, del líder que ha pasado por su “crisol” según Bennis, y del proceso de individuación de Jung, proporcionan metacapacidades competitivas de difícil imitación, raras y exclusivas, es decir cumplen todos los requisitos de las que proporcionan ventajas competitivas sostenibles.

Por lo tanto, la búsqueda de la felicidad nos traerá oblicuamente esas capacidades y la búsqueda de estas  últimas nos conduce, también oblicuamente, al bienestar.
La consecuencia de esta investigación es que estoy diseñando una metodología de coaching basada en la felicidad del directivo. Creo que el tema es muy atractivo. En este trabajo he entrado varias veces en ese estado de fluidez que describe Ciskszentmihalyi: es decir he sido feliz…

Todo ello se plasmará en mi próximo libro “La felicidad del Directivo”, Mientras tanto, invito al lector a que rellene uno de los muchos cuestionarios y guías que incluye mi libro.

Autor: Carlos Herreros de las Cuevas
Presidente de la Asociación Española de Coaching y de Consultoria de Procesos. Socio de HFC Consultores.

Articulo publicado en Coaching Magazine Nº10

1 Respuesta para “El directivo feliz”

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