El Coaching, la filosofía y el método socrático

socrates

Coaching es conducir, llevar sutilmente a quien lo necesita a encontrar su propia vía y sus propias respuestas. El coach es un conductor, un entrenador, un mapa con las señales adecuadas..

El coach es un guía que no parece serlo, como el sabio de Lao Tsé. Decía Lao Tsé que “optimo mercader es aquel que cargado de riquezas parece siempre pobre; sumo sabio el que por su perfecta virtud semeja un tonto”. O como hubiera dicho Wittgenstein, que nos enseñó a desconfiar de las trampas del lenguaje, es una escalera que se abandona después de haber subido por ella. El coach no pretende ser más que eso. Un instrumento, un facilitador del proceso de avance, que sirve al caminante, su cliente, porque sabe que a él se debe su función y su tarea. Es un mapa interactivo, que sabe hacia dónde dirigir a su cliente porque sabe escucharlo.

Sócrates, uno de los filósofos más célebres de la Antigüedad y de todos los tiempos, decía haber heredado el oficio de su madre, que era partera. En efecto, él se consideraba “partero de ideas”, porque ayudaba a los jóvenes que oían sus enseñanzas a descubrir en sí mismos la verdad de las cuestiones que acudían a plantearle, las cuales, además, debían saber distinguir de la mera opinión. El método que empleaba Sócrates era el de la mayéutica o pregunta dirigida, con el que lograba, siguiendo una secuencia lógica de razonamientos y planteando hábilmente sutiles contraejemplos, que el discípulo encontrara su propia respuesta, la cual nunca recibía directamente de Sócrates sino que llegaba a ella como resultado de la investigación conjunta de maestro y discípulo, o grupo de discípulos.

Los problemas sobre los que dialogaba podían ser planteados por cualquiera de los participantes, o por el propio Sócrates. El diálogo socrático se desarrollaba aproximadamente de la siguiente manera:

DISCÍPULO: Sócrates, ¿qué es la virtud?
SÓCRATES: ¿Qué crees tú que es la virtud?
D: (tras algún titubeo) Creo que la virtud… es obrar bien.
S: Ciertamente. Pero, ¿dirías tú que un hombre que obra bien por azar es virtuoso?
D: No, no diría tal cosa. Parece que, para ser virtuoso es necesario obrar bien con conciencia de ello.
S: Sin embargo, un hombre que obrara bien de manera plenamente consciente, tan sólo porque se lo ordena la ley, ¿es virtuoso?
D: Sin duda que no. Al contrario, puede, ciertamente, ser un rufián.
S: ¿Qué dirías tú que es la virtud, entonces?
D: (tras algún titubeo) Creo, Sócrates, que la virtud consiste en obrar bien por el deseo sincero de hacerlo así, para lo cual no hace falta que la ley lo obligue a uno.
S: Has dicho bien.

En este punto podría terminar el diálogo, o derivar, por ejemplo, hacia el problema de la necesidad o no de la existencia de las leyes, o hacia la búsqueda de una definición precisa del “bien”…

Es importante advertir que Sócrates no se limita a hacer preguntas, ni las formula al azar. Parte del principio de que quien se interesa por un problema posee, al menos, un preconcepto del mismo; en alguna parte, en algún contexto, ha tenido noticia de aquello que llama su atención. Alguna idea del concepto, por vaga que sea, debe tener. Sócrates explora primeramente cuál es esa idea, que será el punto de partida de su mayéutica. En el proceso, aprueba la respuesta del alumno cuando es correcta, pero le hace ver si es incompleta o errónea mediante contraejemplos que le hagan razonar adecuadamente. A través de un diálogo en aparente igualdad de condiciones, es Sócrates quien realmente dirige el proceso. El discípulo ignora cuál será el resultado, pero Sócrates sabe muy bien a dónde quiere llegar. Él conoce las respuestas, y guía la indagación del alumno al objetivo previsto.

Por parte del coaching, este método plantea grandes exigencias. No sólo debe poseer un buen dominio del tema, así como de muchas materias conexas que podrían surgir durante el diálogo, sino, además, habilidad para guiar el hilo de la conversación a donde él desea llevarla. No debe dejarse arrastrar por la amenidad de la charla perdiendo de vista la motivación que la ha originado. Es necesario que el coach esté consciente, en todo momento, de estar conduciendo un proceso con un objetivo bien definido: la resolución de un determinado problema. Y, por último, es preciso que tenga la madurez y la honradez intelectual para reconocer, en algunos casos, soluciones distintas a las que él haya previsto, y que podrían surgir en el curso de la indagación. La mayéutica, bien entendida, es un proceso activo de investigación, tanto para el cliente como para el mismo coach.

Una de las habilidades que el coach debe practicar es la escucha activa. Como a Sócrates, las palabras de su cliente le darán los indicios que él necesita saber para brindar la orientación adecuada: cuál es el punto de partida, cuáles las motivaciones e intereses del cliente, cuál su visión de la situación, y cuáles sus objetivos. El conocimiento que tenga de sí mismo y su búsqueda constante de objetividad le ayudarán a poner entre paréntesis sus propias ideas, sus propias presunciones para que no actúen como prejuicios; y aun a distinguir el problema de las posibles distorsiones e interpretaciones del cliente, que aprenderá, bajo su guía, a enfocarlo bajo un nuevo prisma. La lógica y la retórica le darán las herramientas para plantear las preguntas precisas, que marcarán los puntos de inflexión para su cliente, que indicarán los callejones sin salida… y las amplias vías por las que el caminante trazará su propia ruta. Juntos revisarán los pasos del proceso, dispuestos a modificar su apreciación de la situación cada vez que sea necesario.

En cuanto al cliente, el proceso será de gran utilidad: Como el alumno de Sócrates, en el camino recorrido no habrá obtenido una respuesta “fácil” del coach, sino que tuvo que encontrarla él mismo, aunque contó con la ayuda segura y confiable de éste. Habiendo sido él mismo quien tuvo que sortear todas las dificultades para la resolución del problema planteado, no será fácil que olvide la respuesta. Los logros alcanzados serán duraderos. Ejercitó, además, formas de razonamiento útiles que podrá después poner en práctica para resolver otros problemas, cuando ya trace por sí solo su ruta en el mapa, cuando haya dejado atrás la orientación del coach.

Autor: Roberto B. Bravo
Publicado en: Coaching Magazine 11


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