Cada vez que se habla de emprender aparece el personaje detrás de esa acción: el emprendedor.
El emprendedor ha llegado a ser un arquetipo, pilar de una forma de entender el papel individual de las personas en una sociedad cambiante, tecnológica, basada en el mercado y el estado de bienestar, donde el impulso personal y la libertad mueven el conocimiento, la economía y el desarrollo.
Tradicionalmente las aproximaciones al emprender han tenido dos corrientes. Una enfocada en la gestión (fundamentalmente en la confección de planes de negocios), y otra en la persona del emprendedor, tanto en su “espíritu” como en sus competencias.
Emprender se ha asociado a la creación de empresas, al desarrollo económico, a una fuerza con la cual los mercados se desarrollan. Incluso ser emprendedor aparece como una virtud, casi como un resultado exitoso de un recorrido de aventura empresarial. Sin embargo, emprender, es mucho más que eso.
Durante años me he dedicado a formar emprendedores y a formar facilitadores para la formación de emprendedores. Año a año éstas conversaciones han ido decantando, han ido incorporando nuevas miradas sobre el fenómeno del emprender, incorporando y trascendiéndose a si misma, depurando lo accesorio y llegando al centro de la acción emprendedora…, a la persona que emprende.
Aparece así, el emprender como una facultad humana. Una manera de habitar en el mundo que busca, de diversas formas. Una manera de transformar sueños en realidad, de integrar mayores posibilidades de acción, de dominar las posibilidades y las acciones. Una manera de obtener el mejor resultado, que como producto de su hacer, se ha ido ampliando a otras esferas más allá de la económica o productiva, incluso quedando en segundo lugar dicho ámbito, cómo resultado asociado al objetivo final. Bien lo han explicado ya varios autores, ser un protagonista en la vida y en el mundo, y no una víctima.
En este recorrido nos preguntamos ¿podemos usar esta fuerza arquetipal en otros dominios que vayan más allá del logro y la empresa?
Reconocer la fuerza del emprendimiento, dar un paso más allá de lo netamente empresarial, y ponerla al servicio de los nuevos logros requeridos para los quiebres que estamos enfrentando como personas, organizaciones y territorios, no sólo aparece como una posibilidad, sino como una verdadera palanca en muchos ámbitos.
Es usar la energía del emprender de una forma integral, al servicio de expandir la conciencia.
Emprendimiento Integral
Entonces ¿qué es el “emprendedor Integral”? ¿qué hace?
El emprendedor Integral es un tipo de ser en el mundo. Es un paso más allá del “protagonista”. No sólo se hace cargo de que sucede, ni de lo que quiere que suceda, sino también incorpora aspectos centrales de sí mismo y su vinculación con otros.
El emprendimiento Integral aparece como una propiedad emergente de la interacción del emprendedor en cuatro dominios fundamentales: Su estado de conciencia (desde donde hago lo que hago, cómo me entiendo en el mundo), sus prácticas (competencias emprendedoras, de coordinación de acciones, de trabajo en equipo, etc.), la comunidad a la que pertenece (la cultura, los sistemas de valores) y los resultados que genera (sistemas de gestión, resultados organizacionales / territoriales).

Así, este “lograr que suceda lo que quiero que suceda” aparece como una conjunción de estos 4 elementos que van posibilitando la emergencia de nuevos emprendimientos, capaces de hacerse cargo tanto de la satisfacción y logro personal como de la comunidad y sus posibilidades.
Entonces, esta mirada se escapa de la forma tradicional de entender el emprendimiento. Fundamentalmente por que el emprendedor se hace cargo de incorporar integradamente aquellos dominios que son descuidados, y que habitualmente generan ineficiencia en los emprendimientos. Así, integrándolos, cada uno de estos dominios se va transformando unos palanca de otros.
El acceder a espacios más inclusivos e integradores de conciencia permite la emergencia de la confianza/amor, como emoción de trasfondo. Desde ahí aparecen como factibles las competencias de coordinación con otros, las de generación de redes, lo que a su vez genera la aparición de comunidades que cuidan ese espacio de confianza, y desde ahí la posibilidad de generar resultados, más allá de ganar (yo), que lo incluye, sino que suma el ganar (del otro) – e incorpora el ganar (de la comunidad).
Coaching para el Emprendimiento Integral
¿Cómo acceder entonces a procesos de Coaching para que aparezca el emprendimiento integral?
En nuestra experiencia es una interacción multinivel. Una interacción particular en cada uno de los dominios, pero estructurada en su interacción. Desde la perspectiva personal, no sólo es un coaching de acción, donde buscamos generar nuevas prácticas; tampoco es sólo un coaching orientado al ser, donde se busca generar un nuevo observador que permita nuevas miradas que faciliten la aparición de las nuevas prácticas. Desde la perspectiva colectiva, no sólo es la generación del colectivo (“la tribu”) que contiene y sostiene al emprendedor, ni la generación de un sistema de gestión que permita los resultados. Es todo lo anterior, incluido e integrado, al mismo tiempo.
De alguna forma, si lo vemos linealmente, el recorrido que estaríamos buscando es el de pasar de víctima (ser pasivo), a protagonista (ser responsable) a emprendedor Integral (ser en el mundo).
Esta nueva configuración de una persona no sólo a cargo de su vida y sus decisiones, sino también con preocupaciones por el otro y por el espacio-lugar donde habita, nos abre a los coaches nuevos e interesantes desafíos, fundamentalmente en la forma de abordar los quiebres recurrentes o futuros de nuestros coachees.

Que el coachee pase de víctima a protagonista, le da poder en la acción. Lo conecta con la participación en la construcción de su realidad. Le ayuda a soltar aquellas conversaciones que lo mantienen atrapado frente a condicionantes que lo limitan, y lo llama a conectarse con aquella fuerza que le permitirá salir de ahí… su poder personal.
Esto, claro, ¡es un paso gigante!
El emprendedor integral es el paso siguiente. Ya no sólo tiene el poder personal del protagonista, sino también, mediante la integración y trascendencia, accede a un nuevo espacio de poder. Aquel que le permite reconocer las interacciones sistémicas de su propio ser, y desde ahí reconfigurar su protagonismo hacia su propia conciencia, sus prácticas, las comunidades en las que participa y los resultados que obtiene.
Uno de los mapas que son claves en el coaching (sobretodo en la corriente ontológica) se debe a Chris Argyris y su modelo de aprendizaje de doble loop, más conocido en el mundo del coaching como “Observador – Acción – Resultado”.
En este, básicamente, se establece que si el observador (la persona, el protagonista, el emprendedor integral) busca un resultado, puede cambiar la acción y generar aprendizajes de primer orden que lo lleven al logro, y que muchas veces, cuando las acciones no son suficientes, o no están disponibles para dicho observador, se debe poner el foco de aprendizaje sobre sí mismo y no sobre la acción.
El tema es que dicha mirada deja el resultado como un efecto, cuando en realidad es un resultante de una serie de fuerzas que interactúan en sí mismas.
El emprendedor integral ve esto y accede a la posibilidad de intervenir sobre el observador (sobre si mismo, su comunidad y su sistema de valores), la acción (sus competencias y sus prácticas) y sobre el resultante. Y esto sólo es posible de forma Integral.
¿Qué podemos hacer los Coaches para apoyar el salto hacia el Emprendimiento Integral?
- Reconocer que para nuestros coachees no todo pasa por nuevas acciones o nuevas miradas sobre sí mismo.
- Reconocer que el mundo de los resultados no son sólo consecuencias de “haceres” y “seres”, sino que es un entramado complejo que incorpora dichos aspectos.
- Generar programas de expansión de posibilidades que incorporen tanto los aspectos internos (conciencia y comunidad), como externos (prácticas y resultados).
- Buscar, junto con el coachee, aquellas prácticas (“palanca”) y mostrarle caminos para intervenir sobre los resultados.
Al final, emprender integralmente es una forma de expandir la conciencia de nuestro “ha-ser”.
Autor: Pablo Reyes Arellano
Publicado en: Coaching Magazine 13


























Emprender es de valientes. Y hacer coaching a un emprendedor es todo un reto, sobretodo porque son personas que siempre están un paso por delante de la mayoría. Lo mejor que podemos hacer es “apoyarles”, no darles dirección (pues de eso normalmente les sobra).
El principal reto es lograr ver el emprendimiento como una forma particular de Ser.
Desde ahí, aparecen acciones, resultados, comunidades y estados de conciencia posibles que permiten que emerja el emprendedor con toda la fuerza.
El emprendedor va abriendo camino para muchos, develando nuevos mundos.
Hay un gran reto para los coaches en este punto.
Buen día Pablo: Encontrar su publicación me llena de esperanza! Como Coach apasionada por la transformación de las comunidades y anhelando su empoderamiento para que salgan de la “manutención del estado o de las limosnas”, encuentro en tu pensar una profunda luz!!! Estoy emprendiendo un gran reto en el tema del Coaching Social en mi ciudad, justo para las familias y comunidades menos favorecidas, de la mano de un estado que desea mas que ampliar coberturas o hacer grandes obras, transformar seres humanos para un futuro sostenible! Muchas gracias y me encanta encontrarte! Un abrazo y gracias . Victoria
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