A menudo las empresas invierten grandes esfuerzos y mucho dinero para superar etapas de su desarrollo, buscando en el exterior aquello que muy fácilmente encontrarían en casa: la re-identificación de SU PROPIA PERSONALIDAD como empresa. El coaching identitario posibilita la recuperación de los ingredientes que configuran dicha PERSONALIDAD.
Xavier Ollé Belmonte
Porque, díganme: ¿Qué está ocurriendo con la empresa? ¿Quién cultiva el sustento ideológico imprescindible para toda sociedad? ¿Quien, de verdad, se ocupa de “pensar” la empresa?
Abiertamente, nadie: No está bien visto porque no es rentable. El cortoplacismo resultadista se impone, se diluyen los orígenes, la desorientación está garantizada.
¿En qué consiste?
El coaching identitario es un fenómeno que favorece de manera ágil, múltiples vías de desarrollo y de crecimiento empresarial, porque actúa sin necesidad de contemplar otros aspectos distintos a los de la propia personalidad de la empresa y de sus anhelos.
Esa especialidad de coaching ayuda a los responsables de los destinos de una compañía a identificar sus potencialidades, a sacar a flote el talento aletargado, de manera que dejen de andar desnortados y para disponerse a escoger la mejor opción y cómo realizarla.
El coaching permite al directivo transitar por estadios propios de las esencias de la empresa que, por si solo, nunca suele visitar, porque el coach, manteniendo la distancia crítica y el temple del buen explorador, incide de lleno en este ámbito e invita a su cliente a recuperar todas las capacidades en desuso o apagadas.
¿Cómo surgió?
En honor a la verdad debo decir que antes de atreverme a acuñar esta modalidad de coaching los clientes me han llegado de la mano de asesores de confianza de algunas empresas que se sentían irreversiblemente atrapadas en la maleza.
Así, el cliente-tipo responde al perfil de empresa de origen familiar fuertemente arraigada y en buen estado de salud financiera. Esto, con ser de buen ver encierra un gran riesgo: el acomodo de las personas a un determinado universo particular, con la motivación anestesiada y, por consiguiente, con muchos números para el estancamiento.
Este tipo de situaciones conllevan que -en la práctica- todo acabe dependiendo de la figura del hombre orquesta: aquel directivo familiarizado con las espadas de Damocles, agobiado por la falta de tiempo y sus propias sensaciones ante la presión, en apariencia pletórico y sin embargo, víctima silente de su soledad.
Por lo general no suele recurrir a la ayuda de un coach , bien porque no lo conoce o bien porque piensa que no está a su alcance o no resulta apropiado a su situación, cuando, precisamente por su facilidad de planteamiento y sobre todo por su condición de “traje a medida” el coaching está indicadísimo para empresas cuyo crecimiento desborda el concepto bajo el que fueron creadas (la mayoría de las veces sin un plan demasiado definido).
Han sido clientes que, habiendo realizado un ejercicio de humildad, pedían “algo”, sin saber el qué y, sin embargo, nunca explicitaron el término coaching. Gracias a ellos llegué a depurar esta especialidad que hoy traigo a estas páginas, bajo el convencimiento que resulte útil tanto a mis colegas como a nuestros clientes.
Fases del proceso
Prólogo: El primer contacto suele ser a iniciativa de algún miembro de la cúpula que desea dejar de sentirse por más tiempo atrapado en un paisaje, ciertamente confortable, pero no exento de riesgo. Esa primera entrevista -que suele ser al teléfono- ya nos aporta muchísima información en bruto.
Tanteo: La siguiente entrevista que generalmente suele producirse en casa del cliente, nos permite, una vez detectado el emergente grupal, elaborar un diagnóstico de aproximación y proveer un buen feedback. Hemos situado su propio punto de partida. Estamos en condiciones de ayudarle a tomar conciencia de su laberinto y a encontrar la salida, si lo desea.
De ahí surgirá algo aproximado a un elemento aglutinador pero al mismo tiempo se comprobará como al rasgar el envoltorio tan cuidadosamente cultivado durante años por el instinto de supervivencia empresarial, se ha abierto la caja de Pandora. ¡Ojo! Porque da inicio un periodo de profunda reflexión, propicio al extravío y con cierta tendencia al alarmismo, así como otros síntomas de crisis interna de identidad.
(Aviso a navegantes: Aquí se impone un discreto break que no siempre tendrá continuidad, por lo que es recomendable plantear la tarea en dos partes). Para el mejor de los casos la línea de continuidad se concreta en:
El compromiso: Ofrecemos un “tramo de disponibilidad” ajustando en cada caso el ritmo de entrevistas apropiado. Tengamos en cuenta que un proceso de coaching identitario conlleva acompañamiento cómplice, capacidad de adaptación al ritmo de la sociedad y, por supuesto, dedicación de nivel.
Para que el proceso resulte operativamente eficaz -con garantías de viabilidad es fundamental contar con un interlocutor estable, cuya jerarquía valide la toma de decisiones.
Aquí se abre nuestro turno de laboratorio donde prepararemos un exhaustivo “preguntario” que nos permita identificar el ADN de la compañía, comprobar su apego a las inercias, qué cosas se hacen bien y cuál es el espíritu de mejora, así como sus índices de recurrencia.
El proyecto: El cliente formula lo que -a su entender- constituye su principal finalidad y comienza el proceso de coaching propiamente. Sin abandonar en ningún momento la distancia critica, el coach se erige en el sherpa de sus elecciones, incorporando todo aquello que concrete un compromiso, que lo impulse a la acción. Con ello, afloraremos todos los requerimientos del caso y celebraremos tantas entrevistas como el propio cliente nos indique durante las que deberemos ir invitándole a esbozar un “corpus” que -debidamente ordenado- constituirá la base del molde de su auto-propuesta.
El desarollo del proceso: A partir de las áreas de pericia identificadas por el cliente, le ayudamos a ordenar prioridades, le acompañamos en la toma de decisiones, sin decidir jamás por él. Antes al contrario, se le entrena en el arte de decidir. El mismo modela sus propios antídotos, ante eventuales “recaídas”. Con toda la información recogida procederemos a la reelaboración de supuestos y nos citaremos con los miembros de la cúpula que deban estar en el ajo del implique.
La metamorfosis: Sabido es que cuando se abandona el camino más frecuentado suelen aparecer grandes extensiones de territorio virgen para explorar. Tampoco hace falta ir muy lejos, basta con transitar por zonas distintas de los itinerarios habituales. Llegados a este punto aparece un caudal de recursos de manera que lo que parecía árido desierto deviene oasis cuya fecundidad creativa se ocupa de proporcionarle las pautas para un nuevo tratado. Recuperada la personalidad empresarial, la circulación coge ritmo. Donde no había, brota.
El cliente, no sin cierto escepticismo, al “tocar” la nueva realidad de su trayectoria, nos deparará la ocasión para animarle a que dé nombre al proyecto y establezca los plazos de ejecución. ¡Nunca falla!
El resto hacia la obtención de las metas que se haya fijado, hasta coronar el proceso, resulta sencillo, para él que conoce sus propios medios de “ajuste y soldadura” con el entorno en que se mueve.
De esta manera, se desbloquean todos aquellos mecanismos que impedían tomar iniciativas, porque se han levantado las barreras. El resto, viene rodado: entramos en un contexto de transformación que el propio interesado va regulando de acuerdo con su ritmo de toma de conciencia que le permite re-compactar el ego de su empresa: Fin del proceso.
Autor: Xavier Ollé Belmonte
Economista, experto en materia ferial y coach por vocación. Vocal de la Junta Directiva de la Asociación Española de Coaching (ASESCO).
Articulo publicado en Coaching Magazine Nº 1


























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