Coaching familiar en las fiesta navideñas

“No soporto a mi familia –me comentó un día mi buen amigo Sceptic- y menos en Navidades”. Ante esto… ¿Qué tal observar primero cómo comunicamos nosotros? Debeíams recordar que vivimos de percepciones, igual que los demás tienen las suyas, y que lo que creemos que los demás piensan puede no ser más que un juego de espejos de nuestra propia percepción.

No soporto a mi familia –me comentó un día mi buen amigo Sceptic-. Y menos en Navidades. Lo diré de otra manera: Si dicen que en todas las familias cuecen habas, en la mía son judiones en olla express. Y cuando se acercan las fiestas de Navidad, sólo de pensar que tengo que soportarles en las típicas comidas, todos juntos, me pongo fatal.”
¿Cuántas veces hemos oído esos comentarios, o incluso los hemos sufrido? ¿Cómo soportar esas reuniones en las que las buenas maneras son sustituidas por comentarios supuestamente dañinos rodeados de sonrisas hirientes?
El refranero español tampoco nos ayuda: ¿cuánto de cierto hay en aquello de que “la familia, como la pesca, más de tres días apesta”? O, citando la reflexión navideña de Bosco Herranz,: ¿Nos emborrachamos en las cenas familiares por alegría o por hacer las propias reuniones familiares más llevaderas?
¿Qué tiene entonces la familia, aparte de la sangre, de la tradición… que nos hace unirnos o que nos hace aguantar de nuevo cosas que no queremos? ¿Cómo podemos modificar nuestro comportamiento y convertir la Nochebuena en una velada digna de su nombre?

Autor: Ángel F. Briones-Barco
Publicado en: Coaching Magazine 07

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