Coaching al alma de un cojo y un ciego que mendigaban en una esquina

Érase una vez un cojo y un ciego que pedían limosna en la misma esquina… tenían una odiosa relación generada por la competencia por la misericordia de los transeúntes.

Miguel Ferrer

Y así fueron envejeciendo en la misma acera de siempre, sin jamás entablar amistad ni procurar conocerse y menos comprenderse. Sus conversaciones -cuando las había- estaban contaminadas de quejas condenando y culpando de sus desgracias al destino, a la gente, al sistema, en fin… recargadas de malos augurios, y así sus vidas se arrastraban entre un resentimiento enfermizo y una resignación perdedora.

En una ocasión, el cojo se lamentó que su desgracia ni siquiera le permitía cambiar de esquina para mendigar… entonces el otro se apresuró a un lamento más trágico aún, agregando que para él era muchísimo peor todavía puesto que era ciego y…
En eso se les iba la vida, hasta que una mañana los dos mendigos, ya cansados de gastar sus energías iniciaron un diálogo diferente.
-¿Y usted cómo anda? -saludó el ciego al cojo.
-Tal como usted ve -respondió el cojo.
Y así, de a poquito la relación se fue haciendo más llevadera, el cojo fue olvidando su “mala pata” y el ciego empezó a hablar con “altura de miras”.

Por primera vez se percataron que ambos tenían un sueño en común, ir a la orilla del río que estaba a unas pocas cuadras para oír de cerca la música del agua.
-Si sólo pudiéramos trasladarnos un par de cuadras por nosotros mismos y no estar siempre dependiendo de los demás -dijo el cojo.

Apenas escuchó esto algo sucedió en el alma del ciego, sintió que un fuerte cambio le ocurría y poco a poco fueron simpatizando más y más. Hasta que sin darse cuenta, imaginaron que iban a mendigar a la orilla del río… y que ahí escuchaban correr el agua… y sentían como las gotas los salpicaban y entusiasmados empezaron a soñar. Y en un corto tiempo lograron cambiar aquellos paradigmas que los habían oprimido durante toda la vida y entraron a los espacios de la confianza, de las alianzas y de la abundancia.

Y así fue que un miércoles del mes de marzo, el cojo montó en los hombros del ciego y con la vista certera del primero y las fornidas piernas del segundo llegaron rápidamente a la orilla del río donde se instalaron con un nuevo negocio que resultó muy exitoso. Al cabo de un tiempo comenzaron a soñar con un viaje alrededor del mundo.

Stephen R. Covey nos habla de Mentalidad de abundancia y del paradigma de la interdependencia. Reflexionando sobre ese texto, una vez comenté: “Pasamos de la independencia a la interdependencia, las victorias privadas preceden a las victorias públicas, no hay atajo”. La interdependencia genera nuestros mayores logros y también nuestras peores frustraciones. Muchos llevamos el dolor crónico de nuestra falta de visión, liderazgo o administración en nuestras vidas personales. Como es crónico, nos acostumbramos y aprendemos a vivir con él. Pero cuando tenemos problemas con otras personas, se hace consciente un dolor agudo y queremos desesperadamente que desaparezca.

Mientras sigamos tratando los síntomas como el problema, sólo ocultaremos aún más el dolor crónico.

Todos los seres vivos de este planeta, tanto los vegetales como los animales, nos desarrollamos en conjunto y simultáneamente desde que nacemos. Además la población humana aumenta día a día… ¿qué quiero decir?, que “hay para todos”. No necesitamos quitarle al otro, es más, quizás lo que sí estamos necesitando con fervor es precisamente a ese otro, a ese otro que será nuestro compañero en la interdependencia venidera que nos permitirá potenciar nuestras capacidades de acción y coordinarnos debidamente como las grandes leyes de la naturaleza y de la arquitectura universal nos indican a cada instante en cada una de sus infinitas expresiones.

Es cierto, hemos sido criados en la mentalidad de la escasez. La economía es eso, la ciencia que emerge por la escasez de recursos frente a necesidades que nunca paran… y no paran quizás por una suerte de profecía auto-cumplida… el pánico generado por el criterio de la escasez da origen al paradigma del gano/pierdes… o tú o yo, te arruino en defensa propia… “el pan nuestro de cada día”… nunca pedimos pan para todos dice el sembrador loco del poema aquel.

Sin embargo el instinto de conservación de la especie sigue siendo el rector y mandante de nuestros más recónditos impulsos. Y confiamos en su sabiduría, porque gracias a este instinto la vida persiste por encima de la depredación y el extravío con que estamos devastando el planeta. Y el empuje de este instinto, se sustenta en la mentalidad de la abundancia. Su apuesta es que alcanza para todos, y entonces no dudemos más…. ¿qué esperamos?… reproduzcámonos, engendremos hijos, proyectemos nuestras vidas y nuestra especie, echémosle plante, tú y tú y tú también, no temas, tu hijo y el mío, igual que tú y yo, pueden/podemos ganar/ganar.

Cómo si no hubiera permanecido la especie humana. Cómo si no hubieran permanecido las familias, los pueblos, las naciones. Y así todas las especies. ¿Qué sería de las hormigas y las abejas si no supieran algo tan elemental como que un individuo solo está condenado a la muerte?. Nadie es autosuficiente en este mundo. No es necesario entrar al mundo de las Organizaciones para darse cuenta. Ahora si entramos a ese mundo, entonces no entenderlo es sinónimo de fracaso. Esta es la buena nueva, lo que se escucha en todas partes. Y el coaching trae el mensaje de ponerlo en práctica. De entrenar a lo ejecutivos para liderar este cambio de paradigma. Los líderes son personas que se hacen a sí mismas ciertas preguntas y se comprometen con las respuestas que articulan. Es necesario repetir esta consigna. Con la Globalización (es un monstruo grande y pisa fuerte) las Empresas requieren competir colaborativamente.

Y estos hábitos empiezan por casa. El futuro es nuestro. Ahí está. Sepamos valorar las diferencias, la diversidad y aprovechemos sin mezquindades las ventajas de todos. La alternativa es quedar afuera. El futuro ya está presente. ¡Vamos que se puede!

Ganar no es derrotar. Comprender esto es la clave. Lo que yo quiero no te perjudica. Además, como me amo a mí mismo y me conozco, soy íntegro, tengo fe en mí y en la vida universal, no necesito acumular, no te preocupes, lo mío es poco, no me tomaré tu agua ni me comeré tu pan… y este rincón nos puede cobijar a ambos de la lluvia y el frío… Hay para todos, para ti y para mí y también para tu hijo y el mío y además para él y ella, y para todos juntos con sus hijos y familias. Podemos ganar/ganar/ganar/. Seamos abundantes en espíritu y la tierra será fértil y el mar generoso… y cantaremos juntos aquella hermosa canción “Gracias a la vida que me ha dado tanto…”
No quiero competir contigo, quiero ganar lo mío y permitir que tú ganes lo tuyo, lo que quiero en realidad es “ganar contigo”. Estamos del mismo lado, y juntos, y concertados, podemos producir más que separados. Esa ventaja la compartiremos buena y equitativamente. Progresa conmigo, dame tu mano. Formemos equipo, como nuestros antepasados en las hordas primitivas y salvajes. Formemos equipo y ganemos juntos. Guíame en mi ceguera. Probemos. Abrámonos a un nuevo aprendizaje. Construyamos alianzas, unámonos, ganemos juntos. Sube a nacer conmigo, hermano.

Autor: Miguel Ferrer
Coach formado en Newfield Chile con Julio Olalla. Ingeniero Civil. 14 años como Empresario Industrial.
Entrenador de empresarios.

Articulo publicado en Coaching magazine Nº4

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